El presidente Preval no sólo es así con su homólogo dominicano, sino que su fraternidad la extiende hacia todo el resto de la delegación que acompaña a Fernández. Amable, cortés, respetuoso y cariñoso. Esas cualidades hacen que se deje querer y cuando lo vemos, sentimos deseos de abrazarlo.
La bonhomía del presidente René Preval es intrínseca a su personalidad. Es un gran ser humano que refleja humildad y buen corazón. Lo hemos conocido en los esporádicos contactos que se producen en las cumbres de presidentes, a las que asisten República Dominicana y Haití.
Con el presidente Leonel Fernández, Preval tiene una muy particular amistad, que está por encima de los desacuerdos que pudieran presentarse en torno a algunos aspectos de la relación entre los dos países. Preval, como el presidente Fernández, han dado prioridad al interés mutuo de unas relaciones armoniosas, de cooperación por encima de las medianías que suelen aparecer en ese camino, a veces impulsadas por intereses de grupos radicales que agitan en los dos lados de la frontera.
El presidente Preval no sólo es así con su homólogo dominicano, sino que su fraternidad la extiende hacia todo el resto de la delegación que acompaña a Fernández. Amable, cortés, respetuoso y cariñoso. Esas cualidades hacen que se deje querer y cuando lo vemos, sentimos deseos de abrazarlo.
Este jueves, sin embargo, el abrazo al presidente Preval estaba cargado de aprecio, pero también de aliento a un hombre que ha sabido traducir a su pueblo la tranquilidad que refleja su temperamento.
Las imágenes dantescas que vivimos en la ciudad de Puerto Príncipe al otro día del movimiento telúrico, por la destrucción de vidas humanas, con montañas de cadáveres, producto del terremoto del martes 12, es para sobrecoger al más insensible de los mortales.
En nuestra visita a Puerto Príncipe, el rostro del amigo presidente estaba cansado y reflejaba toda la tristeza y el dolor por la que atraviesa el pueblo de Toussaint Louverture. En la conversación con el presidente Fernández, en un vetusto local de la Policía y la MINUSTAH, no pudimos ver el rostro alegre y bonachón del presidente de los haitianos.
Su rostro resumía todo el dolor, la tristeza y la angustia de un pueblo que ha sido objeto de los terremotos políticos, de la pobreza, geológico y de tormentas y huracanes. Por eso, el presidente Fernández fue el primero en tocar las puertas de su improvisado despacho.
“Me sorprendí cuando tocó a mis puertas Leonel; el presidente Leonel Fernández es un hombre de grandes sentimientos”, nos comentó el mandatario haitiano con los ojos vidriosos de las lágrimas, al Cónsul General en Puerto Prínicipe, Carlos Castillo, y a mí.
El presidente Preval, le vimos indefenso y sin el vigor de siempre. Los países amigos de Haití y de su presidente debemos seguir ayudando hasta que los haitianos se recuperen.
Cuando los helicópteros que nos llevaron a Puerto Príncipe alzaban el vuelo para dejar atrás a una ciudad devastaba, llegaron a mi mente las imágenes de la última visita del presidente Fernández en el año 2006, cuando salimos del Palacio Presidencial bajo tiros y piedras, acción protagonizada por los mismos grupúsculos que quieren ver a los dos pueblos en conflicto.
Este jueves, el presidente Fernández regresó a Puerto Príncipe en circunstancias muy calamitosas para el pueblo haitiano, después de haber dispuesto el operativo “Mano Amiga”, mediante el cual República Dominicana se convirtió en el primer país del mundo en decir presente en un momento de desgracia para ese pueblo.
El presidente Fernández, liderando la solidaridad hacia Haití de los sectores público y privado dominicanos, seguirá al frente de las virtudes que siempre nos han caracterizado: la generosidad y amor.