Los partisanos yugoeslavos en la lucha contra la ocupación de la Alemania nazi de Adolf Hitler tenían en principios 2 grandes jefes: el comunista Josip Broz, alias Tito y el monárquico Dimitri Mijailovic.
Ante una disyuntiva semejante, o sea, escoger entre el líder marxista mariscal Tito y el líder anticomunista y monárquico Mijailovic, se pensaba que el primer ministro inglés Winston Churchill, a quien se confió la conflictiva zona de los Balcanes elegiría a Mijailovic.
Churchill, que además de estadista y jefe miliar, era un erudito, periodista e historiador, se decidió por el llamado mariscal Tito, la figura política más notable generada en la turbulencia balcánica.
¿Por qué tomó esa decisión el gran héroe de la Segunda Guerra Mundial, varias veces primer ministro y premio Nóbel de Literatura? Porque calculó, analizó, ponderó, estudió y concluyó que Tito es el único que en medio de esta guerra es capaz de controlar a esas fieras de los Balcanes”.
El cálculo fue correcto, ya que Josip Broz, el mariscal Tito, fue uno de los líderes militares que con su guerra de guerrillas más daño ocasionó al Tercer Reich, al extremo de que el Fuhrer ordenó preparar una unidad especial para darle muerte. El canalla de Mijailovic terminó hasta siendo aliado de… los nazis!
La historia de los Balcanes es muy larga y muy sangrienta para tratar de analizarla aquí, pero me permito remitir a los lectores a que se documenten a través de los libros que narran las matanzas, asesinatos, genocidios y fratricidios del período 1912-1913.
Bueno, el caso es que terminó la Segunda Guerra Mundial, Tito salió de ella como el más grande héroe de su pueblo, como una figura de enorme prestigio mundial y llevó a Yugoslavia a ser la única nación rica e independiente (claro, dentro del comunismo) del llamado Bloque del Este.
Cuando el mariscal Tito murió tras gobernar Yugoslavia durante 35 años, dejó un país unificado ¡increíble!), económicamente sólido, elogiado internacionalmente, co-fundador de los Países No Alineados y pacificado.
Todavía caliente el cadáver del gran líder pacificador, unificador y desarrollador, los hombres balcánicos volvieron a las mismas: luchas religiosas, lucha nacionalista, lucha fratricida, lucha racial, lucha étnica, lucha económica, lucha vendetiene de siglos, etcétera.
Para no cansarles el cuento, lo que era la unificación, poderosa, independiente, progresista, pacífica y cohesionada zona balcánica se convirtió en un matadero, en un pandemonium, en una carnicería, en una intolerancia religiosa y étnica, y en odios más allá de los que supuestamente tiene de limitado (¿) el odio bestial de la bestia humanoide.
Yugoslavia no existe, lo que existe son pequeños estados (¿) que juntos no dan una verdadera república, fuerte en territorio, gente y propósitos.
El caso es que tras esas luchas étnicas, apresaron y juzgaron en el famoso “Tribunal de La Haya” para crímenes de guerra al ex presidente Slobodan Milosevic, que tras la tortura de haber pasado de la presidencia a la cárcel y a la humillación, se les murió estando preso.
Y ahora el tribunal tiene otro cliente (porque es un tribunal bastante excluyente: Radovan Karadzi, médico-siquiatra que vivía clandestinamente, disfrazado y finalmente delatado.
Lo van a enviar a juicio del célebre tribunal que juzga a los criminales de guerra escogidos, seleccionados, discriminados y dentro de aquella línea de que no son todos los que están ni están todos los que son.
No defiendo ni a Milosevich ni a Karadzi, pero lamento que un tribunal tan prestigioso tenga sus criminales de guerra favoritos… y sus chivos expiatorios.