En tierra dominicana, la mano de un gran artista plasmó en una hermosa escultura la figura del guerrillero de los guerrilleros, comandante Manuel Marulanda Vélez, para ser plantada en Caracas el 26 de septiembre, justo a los seis meses de su fallecimiento.
Al recibir la noticia del fallecimiento de Marulanda, a quien siempre admiré y valoré, me salieron del alma estas líneas:
“¡Qué difícil ser como él!
Nacer campesino para nunca dejar de ser,
vivir para nunca morir,
luchar por la vida, toda la vida, más allá de la muerte.”
¡Qué difícil tirar como él! / con tanta puntería como él, / durante tanto tiempo, /tantas veces…
con fusil y sin fusil.”
“¡Qué difícil es organizar tanta gente como él!
formar tantas guerrillas como él…
organizar un ejército del pueblo como él.”
Combatir tanto sin caer. /crecer tanto sin doblarse, / aprender tanto sin endiosarse, /multiplicarse tanto sin dejar de ser.
¡Qué difícil es luchar tanto y tan bien! /arriesgarse tanto, / sacrificarse tanto, / renunciar de esa manera a lo “normal.
Tantas veces, / innumerables veces, / todo el tiempo.
Sí, es difícil luchar tanto y tan bien,
es difícil querer y darse a querer tanto como él.
Hay otros, otras… pero no tan, tan...como él.
Los hubo, las hubo, con más letras que él…
pero no tan sabios como él.
Nadie fue tan perseguido,
tan calumniado.
Nunca hubo tanta saña y mentiras,
tanto odio, / tanta pus…
tantos estigmas contra el amor y la justicia.
Tanta maldad contra la esperanza,
tanto terror a nombre de la libertad,
tanto despotismo a nombre de la democracia.
Nunca había sido tan larga y accidentada la marcha, / nunca había sido tan persistente la pelea por la felicidad…
…con tanto… y tan largo coraje.
¡Nunca!
Nunca había sido desafiada tantas veces la muerte en la lucha por la vida.
Nunca la poesía y el canto habían alegrado tanto la tristeza,
nunca habían vencido tantas veces el dolor,
presto siempre su corazón a acoger tan lindos versos y hermosos compases.
¡Qué difícil es ser como él!
Nadie pudo intimidarlo,
nada logró amilanarlo.
¡Nada!
¡Nadie!
Ni las grandes maquinarias de la guerra,
ni el terrible poder destructor de los halcones.”
Nada pudo vencer su capacidad de amar y combatir.
¡Qué difícil es ser tan comunista y bolivariano como él!
Qué difícil es morir para vivir eternamente como él…
en el pecho de su amor, /abrazado tiernamente por su espesa, húmeda y hermosa selva insurgente, / cálidamente acogido por el inmenso cariño guerrillero que sembró.”
Leyenda ayer, /leyenda hoy. /“¡Leyenda siempre!” // Ejemplo imbatible de rebeldía justiciera y emancipación.
Tiro Fijo-Humanidad. / Tiro Fijo-Revolución.
Ser como él es difícil…
pero hay que ser, hay que ser, hay que ser…”
Por todo esto y mucho más estoy seguro de que los pueblos de nuestra América habrán de rendirle el tributo merecido; tan inmenso como inmensa fue la humanidad de este modesto y sacrificado hijo de las entrañas del pueblo colombiano.
Tan justa reivindicación histórica habrá de tener lugar también al compás del necesario debilitamiento de la mezquindad y la cobardía de ciertas izquierdas ablandadas, reforzadoras de mentiras y potadoras de silencios infames.