POR DANILO CRUZ PICHARDO
Desde que tengo uso de razón, escucho decir que los gobiernos compran comunicadores sociales y dirigentes políticos opositores, mediante el uso de los recursos del Estado, pero la verdad es que no tengo elementos de juicio para corroborar esa tesis.
Desde que tengo uso de razón, escucho decir que los gobiernos compran comunicadores sociales y dirigentes políticos opositores, mediante el uso de los recursos del Estado, pero la verdad es que no tengo elementos de juicio para corroborar esa tesis.
Hace casi tres décadas que me investí de licenciado en comunicación social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, pero antes de matricularme como estudiante de la carrera, en 1976, ya estaba registrado en un comité de base del Partido Revolucionario Dominicano, motivo que me hizo ingresar al grupo estudiantil apéndice de esa organización política, teniendo la dualidad de estudiante político y posteriormente comunicador y político.
Pero que conste. Como político ni como comunicador, social nunca he recibido oferta de compra de gobierno alguno. Ni en los doce años, ni en los otros diez de Balaguer, ni en los primeros cuatro de Leonel, ni en el PPH, ni en estos cuatro y pico de años que lleva el presidente Fernández. Nunca se me ha formulado una propuesta de compra, ni nadie ha cometido la osadía de ofrecerme dinero para que le escriba un artículo.
Mi experiencia particular contrasta con la constante alharaca de que los últimos gobiernos han usado los recursos del erario para adherirse el favor de comunicadores sociales y dirigentes políticos de partidos opositores, lo que me hace llevar a las siguientes conclusiones:
1) Posiblemente el suscrito no tenga la importancia suficiente para que los gobiernos se interesen por sus servicios.
2) En el hipotético caso de que los gobiernos compren comunicadores y políticos, ellos saben bien a quién o a quiénes formulan propuestas de ese tipo. Y
3) Es muy probable que muchos comunicadores y políticos opositores históricamente hayan tenido la iniciativa de ofertarse en el mercado, bajo el alegato de que “es mejor estar arriba con presión y no abajo con depresión”.
Con la desaparición de las ideologías y la similitud exhibida por los partidos mayoritarios, en el ejercicio gubernamental, en el sentido de hacer lo mismo, las propias entidades políticas se encargan de estimular a los tránsfugas.
Y los tránsfugas políticos están hoy dotados de argumentos y se les ve justificar sus cambios de chaquetas, en los medios electrónicos, con las siguientes expresiones: “Con el desastre que hizo el PRD”, “Leonel es el político más acabado que tiene el país”.
Esas palabras textuales se las he escuchado decir a dirigentes reformistas que fueron funcionarios en el gobierno de Hipólito Mejía, pero que también hoy ostentan posiciones públicas.
De los políticos dominicanos, los reformistas tienen notas sobresalientes en cuanto a capacidad de trepar y concepto de la oportunidad, con una especial habilidad para ocupar cargos en todos los gobiernos, pese a que son como los gatos: “no agradecen”.
Pero no sólo hay políticos que no saben estar en la oposición, también hay decenas de comunicadores sociales defendiendo causas que ayer condenaban.
Los gobiernos compran políticos y comunicadores de oposición, pero es porque estos se ofertan en el mercado. Históricamente muchos políticos y comunicadores sociales han estado en venta. En ocasiones hacen el ridículo, porque no les hacen caso o simplemente se les “pone a oler donde se guisa”, como en efecto ha ocurrido con algunos reformistas.